Lo que describe el elemento
El Agua de la que se habla aquí es uno de los cinco movimientos del Wu Xing, y no el elemento Agua de la astrología occidental: los dos sistemas emplean la misma palabra sin describir la misma cosa. El Agua china es el quinto movimiento, el que recibe del Metal y devuelve a la Madera, y se lee a través de troncos celestes y de ramas terrestres.
Su tema es la conservación: lo que desciende, guarda la reserva y espera su hora. Su estación es el invierno, su dirección el Norte. El invierno no produce nada visible, y ese es justamente su trabajo: aparta, ralentiza, conserva intacta la capacidad de volver a arrancar. El Agua no sube, desciende, busca el punto bajo y allí se queda.
De esa función vienen sus palabras propias. La profundidad primero, lo que no se deja ver en superficie. La reserva después, en el doble sentido del término: la contención en el comportamiento y el fondo que no se toca. La intuición, que es el conocimiento que sube sin haber sido razonado. La voluntad, que aquí no es fuerza sino tenacidad, la paciencia del agua que acaba por pasar por todas partes. Y el miedo, reverso natural del movimiento: quien conserva anticipa la carencia.
En BaZi, el Agua no se atribuye a un año como una etiqueta. Aparece por los troncos y por las ramas, repartida en los ocho caracteres de un tema, y es su proporción en el conjunto lo que tiene sentido.
Los dos ciclos
El primer ciclo es el de la generación. El Agua es generada por el Metal: lo que ha sido separado y apretado se licua y desciende. A su vez genera la Madera, porque nada crece sin reserva previa. El Agua es por tanto a la vez el término de una condensación y el punto de partida de un crecimiento: cierra el círculo sin clausurarlo.
El segundo ciclo es el del control, y no se trata de una destrucción sino de una regulación. El Agua controla el Fuego: templa su subida, limita la irradiación para que no se disperse. Está a su vez controlada por la Tierra, que la encauza, le da un lecho y le impide disolverlo todo. Un agua sin orilla ya no conserva nada, se desparrama.
Estas cuatro relaciones (generada por el Metal, genera la Madera, controla el Fuego, controlada por la Tierra) bastan para situar el Agua en cualquier tema. Ninguna es buena ni mala en sí misma: cada una describe un intercambio, y es su equilibrio lo que se lee.
Sus troncos y sus ramas
El Agua se manifiesta por dos troncos celestes y dos ramas terrestres. Los troncos son Ren, de polaridad Yang, y Gui, de polaridad Yin. Las dos polaridades no son dos géneros sino dos fases de un mismo movimiento: una es la versión amplia y móvil, la otra la versión fina y penetrante.
Las ramas son Zi, cuyo animal es la Rata, y Hai, cuyo animal es el Cerdo. Cuando una de ellas ocupa un pilar, el Agua está presente en el tema por la vía de las ramas, con independencia de lo que lleven los troncos.
Estos cuatro caracteres, Ren, Gui, Zi y Hai, son el Agua visible. No son toda el Agua: las ramas también albergan troncos ocultos, Ren se aloja dentro del Dragón igual que del Mono, y Gui dentro del Búfalo, donde nada los anuncia en superficie. Un tema sin ninguno de esos cuatro caracteres puede por tanto contener Agua.
Cuando domina y cuando falta
Un tema donde el Agua domina guarda mucho. Hay fondo, recurso disponible, capacidad de esperar el momento adecuado en vez de forzar el paso, y una intuición que acierta a menudo. El reverso se lee en las propias palabras del movimiento: la reserva se vuelve retirada, la espera se prolonga más allá de la hora, el miedo se impone a la voluntad y ya nada vuelve a la superficie. Es un Agua que nada encauza, a falta de Tierra que le dé un lecho.
Un tema donde el Agua falta, al contrario, no conserva. Todo se gasta sobre la marcha, no hay fondo del que sacar cuando el esfuerzo dura, y el Fuego ya no encuentra contrapeso.
En ambos casos, nada se concluye sobre un solo carácter. Se mira la proporción del Agua entre los ocho, el movimiento que la genera y el que la regula, antes de decir nada de un temperamento.
Palabras clave
- profundidad
- reserva
- intuición
- miedo
- voluntad