El tronco y su imagen
Xin es el octavo de los diez troncos celestes, y la imagen clásica que se le asocia es la joya, el metal pulido. Merece que nos detengamos en ella, porque descarta todo lo que asociamos espontáneamente al metal. Una joya no corta, no perfora, no lleva carga alguna. No fue hecha para actuar sobre el mundo. Su valor reside enteramente en lo que se le ha hecho: la talla, el pulido, el ajuste al décimo. Xin es el metal afinado cuyo valor reside en el acabado.
El temperamento que de ahí se deriva empieza por el gusto. Xin ve lo que los demás dejan pasar: el detalle que desentona, la palabra aproximada, el medio tono que chirría. Esa agudeza no es severidad, es una exigencia de justeza, y se ejerce primero sobre uno mismo. Un trabajo que Xin no ha terminado todavía no es un trabajo, sigue en estado de materia.
De ahí viene la distinción, en el doble sentido de la palabra. Xin distingue, separa lo justo de lo aproximado, y esa capacidad acaba por verse en el porte, en la compostura, en la manera de decir las cosas. Nada en ello es ostentoso. El refinamiento de Xin es un refinamiento de resta: lo que quita cuenta más que lo que añade.
El reverso está en la misma imagen. Una superficie pulida guarda la huella del menor arañazo. Xin encaja mal lo que lo daña y lo retiene mucho tiempo. Su susceptibilidad no es una debilidad de carácter, es la contrapartida exacta de su finura: quien percibe con finura percibe también con finura lo que lo hiere.
Elemento y polaridad
Xin lleva el Metal en su fase Yin. Los diez troncos reparten los cinco elementos en dos fases cada uno, y la vertiente Yang del Metal es el tronco Geng, que precede inmediatamente a Xin en el orden de los diez. Los dos comparten la materia y no le dan el mismo uso: Geng es el metal que el trabajo no ha tomado todavía, Xin aquel que el trabajo ha vuelto precioso.
Yin no significa ni débil ni femenino. Es una fase, no un género: concentrada, vuelta hacia el interior, ocupada de la forma antes que de la expansión. El Metal Yin se mide por su densidad y su precisión, nunca por su masa. Un bisturí no tiene la fuerza de un yunque, tiene otra cosa, y es esa otra cosa la que Xin pone en juego.
Dónde se oculta
Una rama terrestre nunca es un bloque simple: alberga uno o varios troncos celestes, llamados troncos ocultos, que dan al pilar su color real. Xin solo se oculta en dos ramas.
En la rama You, la del Gallo, figura en primer rango. Ahí está en su casa: la rama le ofrece su terreno más nítido, y el pilar toma el filo cuidado que caracteriza a este tronco.
En la rama Xu, la del Perro del ciclo chino, figura en segundo rango. No lleva allí la batuta, añade una nota: una exigencia de forma en una rama que no se define ante todo por el Metal.
Estas dos presencias bastan para localizar a Xin en los ocho caracteres aunque ningún tronco aparente lo lleve.
Como Maestro del Día
El tronco del pilar de día lleva un nombre aparte: es el Maestro del Día, el carácter desde el cual se lee todo el resto. Nacer con Xin en ese lugar no es recibir un destino, es recibir un punto de vista.
Un Maestro del Día Xin aborda las cosas por la calidad antes que por el volumen. Prefiere hacer menos y hacerlo bien, elige sus compromisos con cuidado, soporta mal el trabajo chapucero y se juzga a sí mismo por el acabado. Su baza es el discernimiento: seleccionar, ajustar, rechazar lo que no está a la altura. Su fatiga es no encontrar nunca el ajuste del todo suficiente.
Lo que este tronco indica solo cubre uno de los ocho caracteres. Los otros siete, empezando por la rama que acompaña a ese mismo pilar de día, modifican su expresión. Es también lo que separa esta lectura del horóscopo chino anual: el animal del año es asimismo solo un carácter sobre ocho, y no es este.
Palabras clave
- Refinamiento
- Precisión
- Gusto
- Susceptibilidad
- Distinción